La huelga de hambre de los presos palestinos: Ganadores y perdedores

La victoria de los presos en huelga de hambre ha llevado a muchos a creer que Mahmud Abás y otros deberían haber hecho más para apoyar la protesta

(Foto: AFP)

Daud Kutab

Después de 41 días de ayuno, ingiriendo solo agua y sal, los presos palestinos en las cárceles israelíes han suspendido su huelga de hambre y proclamado la victoria.

Las autoridades israelíes insisten en que la huelga de los presos terminó después de que trasladaran a Maruán Barguti a la prisión de Ascalón y le permitieran a él y a su comité comunicarse con Husein al Cheij, el ministro palestino encargado de las relaciones entre la Autoridad Palestina (AP) y las autoridades israelíes.

A medida que emergen los detalles de lo que se ha llamado el Acuerdo de Ascalón, parece que muchas —pero no todas— de las demandas humanitarias de los presos han sido aceptadas. Pero, como sucede habitualmente en Oriente Medio, la percepción es a menudo tan importante como la realidad, y en este caso la percepción y la realidad es que los presos palestinos han salido victoriosos de la huelga de hambre.

El verdadero ganador en esta lucha ha sido el activismo no violento.

Los presos tienen pocas o ninguna herramienta de resistencia y la huelga de hambre —una batalla hecha de disciplina, perseverancia y sacrificio— ha demostrado, una vez más, que puede vencer a los guardias de prisiones y a los políticos israelíes insensibles.

Aunque muchos han puesto el foco en Maruán Barguti como líder de la protesta, el gran vencedor es el decano de los presos palestinos, Karim Yunis, quien, después de 35 años encarcelado, es el preso que lleva en la actualidad más tiempo en las prisiones israelíes.

En una de las decisiones más importantes tomada por los dirigentes palestinos, Yunis fue designado para formar parte del comité central de Fatah. Tras la celebración del séptimo congreso de Fatah en diciembre, quedaron vacantes cuatro puestos en el comité central que debían ser ocupados por designación de Mahmud Abás.

Se suponía que Karim Yunis, que es ciudadano de Israel, iba a ser liberado en la cuarta ronda de presos excarcelados en abril de 2014, como parte del acuerdo que condujo a la reanudación de las conversaciones de paz. Pero Israel rechazó poner en libertad al grupo de 25 presos palestinos —incluyendo a varios ciudadanos de Israel— y rompió su promesa de suspender la construcción de nuevos asentamientos. En consecuencia, las negociaciones se interrumpieron.

Israel se niega a que sus ciudadanos sean defendidos por, o incluidos en, negociaciones con los palestinos. No está claro si la inclusión de Yunis en el comité central de Fatah ayudará a acelerar su liberación, que ha sido una de las demandas principales de los negociadores palestinos para volver a la mesa de negociaciones.

Maruán Barguti ha aparecido, sin duda, como un ganador. Ha conseguido galvanizar a los presos tras unos objetivos humanitarios moderados y, en un momento de cierta apatía y falta de interés en la causa palestina, ha logrado dar un rostro a la lucha palestina.

Su artículo del New York Times, escrito el primer día de la huelga de hambre, y la insistencia de los presos en que solo terminarían la huelga cuando él aceptara un acuerdo, mostraron que había un líder altruista que luchaba por sus compañeros presos y su bienestar.

Otro ganador de los 41 días de huelga de hambre ha sido la diáspora palestina y la comunidad internacional de activistas propalestinos. La campaña de sal y agua desarrollada en YouTube por muchas personas solidarias de todo el mundo se convirtió en una señal de apoyo a la causa palestina.


En un momento de fuerte división entre los palestinos dentro y fuera de los territorios ocupados, la huelga de hambre consiguió unir a todos detrás de un objetivo claro y tangible. El apoyo internacional a los presos desencadenó un enorme apoyo internacional a Palestina que debería ser desarrollado en un futuro.

A pesar de esta victoria unitaria, el hecho de que los presos de HAMAS no participaran en la huelga de hambre va a debilitar al movimiento. HAMAS ha sido un perdedor en la huelga de hambre porque se les ha visto como charlatanes que no han hecho nada.

Otro perdedor ha sido la Autoridad Palestina y el presidente Mahmud Abás, a quien se acusa de haber hecho lo mínimo en apoyo a la huelga de hambre. Abás ayudó ciertamente a la huelga de hambre hablando de ella en público y en privado, incluso durante la conferencia de prensa con el presidente Trump.

Tal vez no podía haber hecho más, dada su sensible posición, pero la percepción de muchos, tal como ha quedado reflejado en la reciente encuesta de AWRAD, es que Abás y la AP podían haber hecho más. Más del 60 por ciento de los palestinos ha criticado a la AP por su falta de apoyo real a la huelga de hambre.

Israel también ha salido como perdedora. Los pronunciamientos públicos de las autoridades israelíes en el sentido de que no iban a negociar con los huelguistas de hambre ni atender sus demandas han quedado en entredicho.

El hecho de que la Cruz Roja, el Observatorio de Derechos Humanos, Amnistía Internacional y la ONG israelí Betselem apoyaran las demandas de los huelguistas de hambre ha perjudicado a Israel en la batalla por la opinión pública.

Con unas demandas tan elementales como una segunda visita de los familiares al mes y una oportunidad para que las mujeres presas pudieran abrazar a sus bebés, el rechazo israelí a estas peticiones fue considerado ruin e inhumano. El hecho de que activistas de todo el mundo adoptaran las demandas de los huelguistas y organizaran protestas públicas es un nuevo signo de que Israel ha sido uno de los perdedores en esta batalla.

Los 6.000 presos palestinos se beneficiarán del sacrificio de unos 1.600 presos valerosos que han pasado hambre y sufrimientos —y posiblemente riesgo de muerte— para obtener unas demandas humanitarias básicas. Para estos presos, el resultado de la huelga de hambre es también una especie de victoria.

Los palestinos deben aprender las lecciones de la huelga de hambre de los presos y aplicarlas a la lucha más amplia por la libertad y la independencia. Cuando Palestina conmemora 50 años de ocupación, las lecciones de los presos servirán, esperemos, para garantizar que esta larga ocupación terminará pronto.



Daud Kutab es un periodista palestino galardonado y ha sido profesor Ferris de periodismo en la Universidad de Princeton. Twitter: @daoudkuttab

Publicado originalmente en: Palestinian prisoners' hunger strike: The real winners and losers, The New Arab, 31/05/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)